jueves, 22 de noviembre de 2007

OBRAS QUE INSPIRAN

Laugh and the world laughs with you. Weep and you weep alone
Old Boy
Hace un tiempo se viene desatando la polémica a raíz de varias obras (productos culturales si se quiere) calificadas de híperviolentas, y más aún, inspiradoras de masacres como lo fue hace unos días en Virginia Tech. ¿Qué nos vendría a decir el discurso políticamente correcto? Algo así como : “Nuestros pequeños bebés se han contaminado con estas basuras de películas sangrientas, videojuegos demenciales-mata-todo-lo-que-se-mueva, cómics donde se exalta la violencia y la venganza, novelones de psicópatas en serie, etc.” Me imagino al típico parroquiano de buen corazón, o al padre riguroso, estricto y serio, que quiere embaucarnos a todos con su moral acorde al samaritanismo deslavado y profiláctico del siglo XXI.
Finales alternativos
Conversando con mi amigo Armando Briceño (sí, hermano gemelo del otro Briceño, de León) me comentó que este tipo de humoradas ocurrían desde hace mucho tiempo. Para apurarse un poco me citó el caso del Werther de Goethe, publicada en 1774, y me comentó de la “Fiebre de Werther” la cual consistía básicamente en leer el libro (triste a más no poder) vestirse como el protagonista y luego pegarse un tiro. Una historia que inspiró a 2 mil jóvenes rechazados por sus señoritas, y que decidieron salir por la vía rápida del mundo. El impacto fue tal, que un amigo de Goethe reescribió el Werther, cambiando el final por un happy-end, donde al final Werther se reconciliaba con su amor y terminaba escogiendo la vida. Goethe no soportó tal entrometimiento, y literalmente le escribió que se fuera “a cagar a la tumba del joven Werther” por tratar de manchar la memoria del ilustre personaje. Nunca más se hablaron.
En el prólogo que escribió Huxley del Un Mundo Feliz (en una edición 15 años posterior a la primera) ofrece una segunda alternativa al Salvaje: la cordura. Vemos los últimos momentos del joven que jamás pudo adaptarse a la civilización y sus convenciones, y atormentado por los paparazzis, purificándose a través del martirio de la carne y el hambre, decide abrazar a la locura y todas las consecuencias que trae ésta. No sabemos si Huxley sintió remordimientos ante un final tan desesperanzador, o si tuvo un vislumbre cuando releyó su obra y pensó que era mucho el pesimismo que podía desatar su obra entre los lectores.
Publicaciones inmorales
Por otra parte, un mecanismo político que han adoptado dictadores y príncipes es la censura, como un control mental de la población y por cierto, una herramienta eficaz para resguardar la integridad del poder y del dominio político. Simplemente se trata de anular a las ideas, o al juego de ideas (sin ponernos foucaultianos, claro) que entren en flagrante contradicción con el régimen de ideas establecidos. Pensemos en el hostigamiento que recibió Galileo Galilei por parte de la Santa Inquisición por defender la teoría heliocéntrica de Copérnico, en el acoso eclesiástico que sufrió Darwin por su teoría de la evolución de las especies, en la relectura cristina de Marx y Nietzsche (acólitos de Satanás), en el juicio que recibió Flaubert por Madame Bovary (era obsceno que una mujer gorreara a un pobre médico y que terminara matándose, no así que un hombre le pusiera los cachos a su mujer), en Baudelaire por Las Flores del Mal fue perseguido por el Segundo Régimen (por blasfemo y adorador de Satanás) y así, sin inventariar podríamos decir al voleo que el famoso –por infame, claro- Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum -el índice de libros que prohibía la Iglesia Católica - que duró hasta 1966, incluía en su siniestra lista desde Petrarca, Quevedo, Víctor Hugo, Swift hasta Cervantes con El Quijote.
Los debates y las presiones de censura por parte de grupos de poder siguen existiendo, pero con leves diferencias si lo comparamos con lo que ocurría hace uno o dos siglos. Ya sin la figura del príncipe, del dictador (y del papa todopoderoso), el poder de coacción se ha ido dispersando en grupúsculos, en sectas o camarillas, y el éxito de sus prohibiciones e intentos de censura se condicionan por el poder político económico y social que éstos grupos tengan. El patético caso por ejemplo de los monos animados Papa Villa, que en Chile (y en otro montón de países) varios sectores de la Iglesia Católica y un par de payasos diputados de la UDI y la DC intentaron bloquear la señal de la monopólica VTR. ¿Resultado? VTR se los pasó por la raja y dijo que el programa iba de todas maneras, opción muy acorde con la administración que el gobierno chileno ha acordado en tales materias, como por ejemplo: cuando la banda de death metal Deicide quiso venir a tocar a Chile y el gobierno dio el pase de entrada, sin importar que el fanático y tristemente célebre Rodrigo Orias, asesinó a un cura inspirado por las letras anti-cristianas de la banda.¿Qué hacemos con estos locos?Breat Easton Ellis fue amenazado de muerte y perseguido por feministas frígidas debido a la publicación de su polémica novela American Psycho (llevada años más tarde al cine). Salman Rushdie ha sido perseguido y amenazado de muerte por fundamentalistas islámicos debido a sus Versos Satánicos, donde se burla de Mahoma. Mucho se ha debatido por estos días sobre la influencia de los video juegos, las películas y los libros sangrientos.
Hace poco se removió de http://www.youtube.com/ el video de Aviador Dro La única solución es la venganza, porque promueve la violencia física hacia la mujer.Muchos psicólogos han hablado de lo perjudicial que puede ser para los niños ver imágenes violentas. El debate del arte y de la producción cultural han caído en la arena de la moral, cuando sabemos que el único imperativo que sigue un creador es su antojo o simplemente hablar de lo que lo obsesiona. Para que un dibujante haya podido dibujar una viñeta teñida de vísceras y de sangre chorreante tuvo que haber existido en la realidad un hombre muerto en tales circunstancias. Para que un escritor haya podido relatar con lujo de detalles la violación de un padre a sus hijos menores tuvo que haber existido un padre violándose a sus hijos.
¿A qué voy con esto? En la ciudad los relatos proliferan y se multiplican. Noticias en los diarios, mitos urbanos, anécdotas contadas en un blog, los rastros de un asesino en serie que descuartiza mujeres, las huellas que se marcan en las paredes, los grafittis, los relatos que circulan clandestinamente, y luego, con trozos de acá y allá se crea una película fantástica llamada Old Boy, una mezcla entre Kafka, Tarantino y Edipo Rey. Y años más tarde el loco coreano estudiante de literatura inglesa, Cho Seun-hui, se fotografía emulando a los personajes de Old Boy, y la crudeza de una trama de película fundida con la realidad, se vuelve a fundir en algunos cuadros con el rostro multiplicado del coreano. Luego ¿qué pasa?El telón de fondo se baja y suenan los balazos.